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miércoles, 16 de abril de 2014

Sueño de amor



“Ayer vi unas llamas arder sin un fuego que las provocara.
Ayer sentí el aroma de tu piel sin que tu cuerpo se me acercara.
Ayer besé tus labios de papel sintiendo el aire entre nosotros correr.
Ayer, si, ayer te amé y no necesité de ti.
Pero ayer no era yo, ni siquiera hoy lo soy, sin embargo tú si eres real,
Pues existes en mi mente y no te necesito ni ver.
¿Para qué te quiero sentir si te puedo soñar?







martes, 1 de abril de 2014

Nuestro miedo



Estoy haciendo kinhin en el Dojo zen de Chiclana, de eso hace ya casi 10 años, de pronto siento una imagen en mi pecho, me sobresalto; es tan real, unas llamas negras arden en mi interior, son tremendamente oscuras, sobrecogedoras. Lo peor, lo que más me abruma, es sentir que se alimentan a sí mismas, no necesitan nada que las origine, tienen existencia propia.
Representan mis miedos y tienen vida propia sin necesidad de que nada del exterior las provoque. Cesa la visión perturbadora. 


Un tiempo después, estoy en el dormitorio, el único lugar de aquella casa donde podía meditar, de nuevo haciendo kinhin; me veo a mi mismo como un niño asustado, hecho un ovillo en un rincón, me reconozco, ese soy yo, así vivo, así me siento; en ese momento.
Años después pienso en mis miedos, vivo con ellos, hablo con ellos, intento entenderlos, cuando quizás sólo necesito aceptarlos.


Dicen que el amor mueve montañas, pues el miedo las demuele hasta su base.
Nuestra vida que podría ser plena y llena de satisfacciones, por mor del miedo, aprendido, transmitido, adoptado, se torna en sufrimiento.
El impulso innato en busca de la felicidad se transforma en las cadenas del sufrimiento existencial. Es el miedo, nuestro miedo la causa de ello.
Vivir sin miedos es imposible, transcender nuestros miedos, que son una estrategia de supervivencia, es irreversible en la búsqueda de nuestra felicidad.
Tras nuestros miedos, cercenadores de la posibilidad de amar, de sentir amor, yace un enemigo potente, desconocido para la mayoría, la angustia; el verdadero reverso tenebroso del amor, surgido de la separación del todo y de la luz. Mirar nuestra angustia existencial a la cara, sin miedo, es lo más valeroso que podemos hacer en nuestra vida. Esa es la única forma de liberarnos de su tiranía que nos impide experimentar el amor verdadero (no pasional) y liberador.
La única forma de llegar a esto, que conozco, es la contemplación; el aprender a dejar pasar nuestros pensamientos, a observarnos, a observar nuestros comportamientos y nuestras motivaciones ocultas.
Muchas veces el dolor de nuestra alma, la podredumbre de nuestra mente, es tan profunda que necesitamos la ayuda de terapias, técnicas de sanación, meditaciones y ejercicios de luz para poder tener la posibilidad de contemplar, de observarnos a nosotros mismos. Nuestro empeño, junto a la ayuda de otras personas, que sean auténticos sanadores, puede proporcionarnos la oportunidad de olvidarnos de nosotros mismos; única puerta hacía el amor. Sólo nosotros tenemos la decisión de cambiar nuestro rumbo y de que nuestra brújula vital se oriente hacia la luz que mora en nuestro interior en lugar de hacia la oscuridad que se haya junto a ella. Nadie puede hacerlo por nosotros y si no somos sinceros con nosotros mismos ninguna ayuda podrá llenar el abismo de nuestro vacío.
Hoy, una década después, en mi interior brota una llama clara y luminosa, lejos quedaron esas llamas oscuras; no significa que se apagaran, sólo que la luz que florece en mi interior eclipsa su oscuridad. Mis miedos son mis compañeros, aprendo a aceptarlos, a no luchar contra ellos para no magnificarlos y empiezo a dejarme fluir con la vida, a sentirme y a permitirme expresarme como quizás puede que sea. En definitiva dejo florecer mi esencia. Atrás quedaron años de trabajo personal, terapias y cambios personales profundos, pero sobre todo muchos tropezones, muchas caídas y mucho volverse a poner en pie. Mi luz brilla junto a mi oscuridad, algún día podré transcenderlas a ambas.
 

















lunes, 31 de marzo de 2014

Cuerpo, mente y espíritu...



Muchos otorgan una preponderancia excesiva al espíritu sobre el cuerpo y la mente, los otros dos componentes esenciales del ser humano. Las religiones, el espiritismo y la nueva espiritualidad nos presentan al cuerpo como una cáscara para el espíritu y la mente, como extensión del ego, como fuente de todos los males. Incluso se pone el énfasis en que la enfermedad es una manifestación del malestar del espíritu por la falta de realización de nuestra misión espiritual.
Con anterioridad el origen emocional de la enfermedad parece haberse convertido en una verdad genérica aceptada. Personalmente no creo que el espíritu sea más importante que el cuerpo o la mente en nuestra existencia, es una parte más de la triada que forma el ser humano, de la santísima trinidad que nos constituye. La enfermedad en ese caso sería una manifestación del desequilibrio entre mente, cuerpo y espíritu. Y dar excesiva preponderancia al espíritu contribuye a ese desequilibrio.
La tradicional represión de la sexualidad por parte de la mayoría de las religiones y morales de las sociedades son una manifestación de la negación del cuerpo, de la negación de su existencia y sus necesidades; por otro lado el excesivo énfasis en lo perjudicial del ego, palabra de moderna creación a partir del psicoanálisis, nos esclaviza en una constante lucha contra la expresión de nuestra personalidad; parece que sólo quedara el espíritu como manifestación única de la divinidad y de la bondad. Nada más alejado de la realidad tanto cuerpo como mente son también expresión de la divinidad y por consiguiente merecedoras de nuestra veneración.
Únicamente equilibrando cuerpo, mente y espíritu podremos expresar a través de nosotros nuestra auténtica esencia, sentir el amor universal en nosotros y la plenitud de la existencia.