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domingo, 14 de mayo de 2017

La voz interior

Tumbado en el suelo sobre las mantas, te sientes a gusto, hace tiempo que te apetece acostarte en el suelo y quedarte mirando el techo sin hacer nada, con los brazos abiertos. A veces piensas otras no, otras sólo estás tumbado sin hacer nada, te gustaría escuchar tu voz interior, tu sabiduría, entender algo, encontrar una guía, una señal de que algo tiene sentido...

Pero sólo encuentras dolor, desesperanza y desánimo, no hay nada más, el vacío te sonríe pero tu a él no...

El deseo te ha llevado hasta aquí, el deseo de ser querido, el deseo del calor de otro cuerpo... las pasiones te han metido en este pozo, en el que vuelves a caer una y otra vez; las hermosas pasiones siempre llevan acarreado dolor, pero que puedes hacer eres humano, por mucho que reniegues de ellas vuelven a brotar...

No hay nada, no escuchas nada... sólo estás a gusto tumbado aunque ya empiece a dolerte la parte posterior de la cabeza por la dureza del suelo. En ese momento te acuerdas del dolor pasado intentando mantener la postura de Zazen, ese escaso cuarto de loto que llegas a conseguir, las horas pasadas en el dojo, en casa y como duelen y te han dolido las piernas, te das cuenta que tu cuerpo no está preparado... Intentas mantener una noble postura de meditación pero no puedes, tu cuerpo no resiste más allá de 15 o 20 minutos. Intentas mantener la postura de loto cuando trabajas con los cuencos y tu cuerpo no aguanta mucho...

Intentas ser maestro cuando no lo eres, intentas salvar a los demás cuando no puedes salvar a nadie, intentas enseñar cuando no aprendiste, intentas ser un buen padre cuando no lo eres y en ese momento te das cuenta que tu voz interior te está hablando, te está mostrando tu error, lo que te empeñas en hacer una y otra vez cuando no es ese tu sentir...

Sólo eres un ser humano, con tus deseos y anhelos, no puedes ser un hombre noble, sólo puedes ser tu.

Sonríes, te vuelve el buen humor e incluso el deseo sexual que llevabas un mes sin sentir...

Hasta que vuelves a recordar que por mucha felicidad que des terminarás haciendo de nuevo sufrir, por qué es tu naturaleza, entregarte hasta desfallecer, y ya no puedes más...

Te gustaría ser un miserable sin escrúpulos, quizás así sería todo más fácil, pero sólo llegas a sentirte como un miserable con escrúpulos...

Y el caos vuelve a apoderarse de ti, es lo normal, a lo que estás acostumbrado, a navegar en medio de la tormenta sin encontrar un puerto al que dirigirte, o igual es que no hay puerto y simplemente esa es tu naturaleza...










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