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Copyright Francisco José Del Río Sánchez 2008

martes, 24 de junio de 2008

I shin den shin

En el zen se cuenta a menudo la siguiente historia. Un discípulo llevaba 4 años practicando con un maestro, sin que este durante este tiempo le hubiera hablado, más que lo estrictamente necesario para la convivencia.

El discípulo ávido de lecciones y no pudiendo aguantarse más se dirigió a su maestro: “llevo cuatro años con usted y todavía no me ha enseñado nada”. El maestro sorprendido y sin poder dar crédito, le contestó: “en estos cuatro años no he parado de enseñarte. Es que no comprendes que la actitud es la mejor enseñanza”.

La actitud es la mejor enseñanza, eso no significa que no haya que hablar, pero no debemos olvidar que todas las palabras, toda expresión de una experiencia a través del lenguaje, es una reducción de esa experiencia, al nivel de los conceptos, que es el único que conoce nuestra mente. Y por tanto, ese terreno de los conceptos, está en los dominios de nuestro yo egoico-mental.

Como muy bien dice Jodorowsky; cuando hablamos, la mayoría de las veces, lo hacemos solo para escucharnos a nosotros mismos.

Tampoco debemos olvidar que cuando queremos expresar lo que sentimos a través del lenguaje, en primer lugar tenemos que traducirlo a nuestra estructura mental, y a nuestra percepción de la realidad, normalmente errónea. Una vez reducida la experiencia y vocalizada, el oyente, a su vez, tiene que traducirla, una vez más, a sus esquemas mentales y a su propia percepción. Al final suele quedar muy poco de lo que queríamos decir, por eso es tan difícil comunicarnos realmente.

La única comunicación autentica se produce cuando el hablante y el oyente son capaces de captar la esencia de lo que se quiere transmitir. Y en ese momento ya no hacen falta tantas palabras.

I shin den shin, es una expresión del zen que se traduce del japonés por: “de mi espíritu a tu espíritu, de mi alma a tu alma”. Nos viene decir, que solo puede haber una comunicación autentica, de espíritu a espíritu. Por eso se dice que la transmisión de la vía, y de la sabiduría solo puede producirse en ese estado de comunión entre nuestras autenticas naturalezas.

1 comentario:

Carolina dijo...

Algún día seré capaz de no pasar de esa TRES PALABRITAS.