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Copyright Francisco José Del Río Sánchez 2008

sábado, 28 de junio de 2008

El pirata

El pirata nació esclavo o por lo menos eso pensaba él. No conoció ni padres ni familia alguna, solo recordaba, desde su más tierna infancia, una vida de esclavitud, trabajo y brutalidad en una plantación, en algún lugar perdido del Caribe.

Ya adentrado en su adolescencia, un día armándose de valor, decidió escapar para siempre de su esclavitud. Estuve un tiempo dando botes y malviviendo por poblaciones costeras, hasta que se enroló en un barco pirata; en ese momento comenzó su otra esclavitud, la de la avidez y la satisfacción de las pasiones.

Durante años recorrió el Caribe asaltando barcos mercantes, a la vez usaba todo tipo de malas artes para terminar convirtiéndose en capitán del barco pirata. Su carrera de pillajes, asesinatos y violaciones deja a cualquiera sin palabras, después de robar todo lo de valor que llevara un barco, este era hundido sin dejar ningún superviviente.

Como era de esperar, un día, no pudo escapar de un barco de la armada española, cuando el pirata comprendió que no había escapatoria posible, tuvo una idea que él creyó genial. En su camarote había una pequeña cámara secreta, apenas cabía un hombre. Pensó que escondiéndose allí podría evitar ser capturado. El barco comenzó a hundirse y el espero pacientemente a que el camarote se llenara de agua, para salir y nadando hasta la superficie, intentar pasar desapercibido entre los cadáveres y los restos del naufragio.

Un plan perfecto, sino hubiera sido porque el barco se hundió más rápido de lo que el creía, y se ahogo intentando llegar a la superficie…

Y así estaba, intentando llegar a la superficie, cuando vio la luz de mi hija y pensó que ya era hora de salir de esa situación. Escuchó una vez que se ofrecía a ayudarle, y no se lo pensó dos veces, estaba cansado de tanto nadar para nada.

Cuando comprendió su situación, continuó su viaje hacía el más allá. No se vanagloriaba de las atrocidades que había cometido, ni se arrepentía por ellas, quizás necesitase otra vida u otras vidas, para comprender lo ilógico de tanta violencia, brutalidad y falta de compasión. O quizás solo tenía que experimentar una vida sin humanidad…

2 comentarios:

Carolina dijo...

Una historia interesante para una novela...
Pero eso de sin humanidad, no lo entiendo bien.
Besos

Curro dijo...

Sin humanidad me refiero a una vida dominada por los instintos, una vida de animal incapaz de sentir ni compasión ni empatia, como el gato que se distrae torturando a su victima hasta que esta muere.